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13.6.13

Los servicios educativos en la prevencion de las drogodependencias

LA REALIDAD DONDE NOS UBICAMOS

La complejidad del fenómeno del consumo de drogas ha orientado la investigación hacia la búsqueda y diseño de nuevas fórmulas de intervención que se ajusten apropiadamente a cada uno de los campos posibles de actuación en drogodependencias. Dentro de estas posibles áreas (escolar, familiar, comunitaria, grupal, publicitaria,...) nos topamos con la seria necesidad de diseñar estrategias de intervención durante el tiempo libre, relevante en la vida del joven, que estén coordinadas con actuaciones paralelas y complementarias en el resto de las áreas de intervención elevando, de esta manera, a la categoría de ámbito de primera este espacio de encuentro y vivencia.
   
Es en el campo de la prevención en drogodependencias donde la labor de los educadores/as se orienta hacia los más jóvenes, niños y adolescentes, tratando de promocionar una serie de valores y actitudes que les ayuden a conocer y desarrollar sus capacidades personales, sus habilidades individuales de relación con ellos mismos y con los demás a través de la intervención educativa.

    Vinculamos de esta manera tiempo libre y adolescentes como un objetivo prioritario a la hora de la intervención de los educadores por la gran repercusión que tiene en la vida de los muchachos los acontecimientos vividos durante este tiempo libre y porque ha sido el más desatendido política y educativamente hasta el momento, quedando relegado a un puesto marginal y descoordinado dentro del ámbito de la educación reglada.

Por otro lado, cuando se trata de asentar los fundamentos legales que dan cuerpo a la prevención como vacuna o paliativo de las problemáticas sociales y, concretamente, las de la adicción a las drogas, se hace necesario reseñar esquemáticamente las declaraciones oficiales de defensa de los intereses supremos del menor, dado que un importante índice de afectados son menores de 18 años de edad con importantes implicaciones judiciales derivadas de la adicción.

De ahí que sea oportuno hacer un repaso a las normativas decretadas que vigilan el derecho y necesidad de facilitar a los menores (en nuestro país todo joven que se encuentre por debajo de la minoría de edad civil, los 18 años) una protección especial; enunciado proclamado en distintos manifiestos internacionales dado que los hechos protagonizados por los adolescentes al entran en conflicto con el entorno provocan su criminalización, resolviendo actuaciones represivas contra ellos:

- La Declaración de Ginebra de 1924 sobre los Derechos del Niño.
- La Declaración de los Derechos del Niño adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 20 de Noviembre de 1959. Ratificado por el Estado Español el 30-11-1990.
- La Declaración Universal de los Derechos Humanos.
- El Pacto Internacional de los Derechos Civiles y Políticos (artículos 23 y 24).
- El Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (artículo 10).
- En estatutos e instrumentos de los organismos especializados y de las organizaciones internacionales que se interesan en el bienestar del Niño.

    Más concretamente:

    El Principio II de la Declaración de los Derechos del Niño (1959) nos dice: «El niño gozará de una protección especial y dispondrá de oportunidades y servicios, dispensado todo ello por la ley y por otros medios, para que pueda desarrollarse física, mental, moral, espiritual y socialmente en forma saludable, así como en condiciones de libertad y dignidad. Al promulgar leyes con este fin, la consideración fundamental que se atenderá será el interés superior del niño».

    El Principio VII de Declaración de los Derechos del Niño (1959) nos dice: «...El niño debe disfrutar plenamente de juegos y recreaciones, los cuales deberán estar orientados hacia los fines perseguidos por la educación; la sociedad y las autoridades públicas se esforzarán por promover el goce de este derecho».


    El artículo 31 De la Convención de los Derechos del Niño (1989) nos dice: 

    1. «Los Estados Partes reconocen el derecho del niño al descanso y esparcimiento, al juego y a las actividades recreativas propias de su edad y a participar libremente en la vida cultural y en las artes».
    2. «Los Estados Partes respetarán y promoverán el derecho del niño a participar plenamente en la vida cultural y artística y propiciarán oportunidades apropiadas, en condiciones de igualdad de participar en la vida cultural, artística, recreativa y de esparcimiento».

    En nuestro ámbito nacional:

    El artículo 39 .4 de la Constitución Española (1978) nos dice que: «Los niños gozarán de la protección prevista en los acuerdos internacionales que velan por sus derechos».

    El artículo 43.3 de la Constitución Española (1978) nos dice: «Los poderes públicos fomentarán la educación sanitaria, la educación física y el deporte. Asimismo facilitarán la adecuada utilización del ocio».

    - LODE, Ley 8/1985 de 4 de julio. Garantiza el Derecho a la Educación que permite el desarrollo de la propia personalidad.

    - LOGSE, Ley 1/1990 de 3 de Octubre que tiene por objeto asegurar la educación de todos los niños (Art. 65.4).

    - Estatuto de los Trabajadores: Ley 8/1980 de 10 de Marzo. Garantiza el derecho de los menores a ser protegidos contra la explotación laboral y prohibir el trabajo a menores de 16 años.

    Es importante tener de referente este aspecto normativo dado que nos vamos a encontrar con un porcentaje importante de jóvenes, por encima de los 12 y por debajo de los 18 años (edad civil), con problemáticas de adicción importantes, ya sea del alcohol o de cualquier sustancia psicotrópica con dificultades añadidas como episodios violentos, aumento de patologías psiquiátricas derivadas de estos consumos, la comisión de faltas y delitos, etc. Y, como veremos más adelante, también el consumo de sustancias entronca con la vivencia de un ocio nocturno vinculado al disfrute inmediato que facilita la integración e interacción en el grupo.

     La red social existente carece de entramado de recursos suficientes, coordinados y diversificados para hacer frente con eficacia a estos nuevos dilemas sociales provenientes de las adicciones. Hasta hace nada se había hecho hincapié en la sustancia y el individuo haciendo estudios rigurosos de su fenomenología y, como ha señalado recientemente el sociólogo Domingo Comas Arnau, en la investigación acerca de la fenomenología del consumo de drogas, se ha obviado de forma metódica el estudio riguroso y serio del aspecto social, de su vinculación con la problemática de la adicción, de su condicionamiento en la conducta del drogodependiente orientando el análisis hacia el aspecto puramente epidemiológico.

En este momento actual comienza a empujar con fuerza la supremacía de un paradigma distinto donde el componente social en esta fenomenología empieza a adquirir tintes más importantes, donde empieza a hacerse con el status que le corresponde en el discurso social.

Se anuncia el determinante papel que han jugado los Medios de Comunicación, así como que el condicionante social es más relevante en la conducta individual de lo que intuíamos o aceptábamos y que nos encontramos con importantes cambios sociológicos que hacen que los programas preventivos de hace una década, antes efectivos, hoy necesiten una reformulación porque los adolescentes de ahora se han distanciado considerablemente del adolescente de hace unos años.

Será competencia de los agentes, educadores o mediadores en la acción social, específicamente aquellos que trabajan con jóvenes menores de 18 años, tener en cuenta lo dicho dado que la nueva reforma de la Ley Reguladora de la Responsabilidad Penal de los Menores 5/2000, de 12 de Enero (publicada en el B.O.E. nº 11 del 13 de Enero de 2000) cuyas disposiciones afectan al procedimiento establecido de la Ley Orgánica 4/92, plantea ciertas incoherencias: Aumenta la edad penal de los 16 a los 18 años pero criminaliza a los adolescentes a partir de los 14 años (de 14 a 18 años).

    Por un lado el artículo 19 del Código Penal establece que «los menores de 18 años no serán criminalmente responsables con arreglo al Código» y, sin embargo, en el artículo 1 de la Ley Reguladora de la Responsabilidad Penal del Menor nos dice que «esta ley se aplicará para exigir la responsabilidad de las personas mayores de 14 años y menores de 18 por la comisión de hechos tipificados como delito o falta en el Código Penal y en las leyes penales especiales».

    Los Estados garantizan la inviolabilidad del menor (menos de 18 años) pero al mismo tiempo nuestro Código Penal plantea incoherencias importantes al criminalizar por faltas o delitos recogidas en éste, a un menor entre los 14 y 18 años de edad.

    La falta de un análisis científico serio de la variante social ha hecho recaer exclusivamente la responsabilidad de la adicción y de los fenómenos asociados a ella al individuo y a la existencia de la sustancia.

    La mezcla explosiva de consumos y tiempo libre que abre las puertas a la temeridad, el enganche y el descontrol personal nos garantiza, sin dejar mucho espacio a la duda, que entre otros resultados desagradables de este fatal matrimonio (accidentes de tráfico, colapsos, suicidios, juegos peligrosos...) se encuentren los conflictos con la ley (hurtos, tirones, conducción temeraria, peleas callejeras, escándalos, ajustes de cuentas,...) para aquellos chicos menores de 18 años pero que tienen o superan los 16 años ( y con la reforma de la Ley Reguladora de la Responsabilidad Penal de los Menores 5/2000, que entra en vigor en el 2001, los mayores de 14 años).


POR QUÉ DEBEMOS VINCULAR LOS RECURSOS EDUCATIVOS CON EL TIEMPO LIBRE

El tiempo de ocio actual que viven los adolescentes y jóvenes durante el fin de semana que para muchos y, de acuerdo a la localidad de que se trate, empieza el jueves, hace que se prolongue a cuatro días este marco de relación social. Muchas ciudades estudiantiles como puede ser el caso de Santiago de Compostela, donde el fin de semana sufre un vacío importante de población porque se desplaza hasta sus lugares de origen, ha hecho que el mercado del ocio abogue por un determinado disfrute consumista del tiempo libre y se haya adelantado al jueves. Esto es importante dado que existe un ambiente mercantil idóneo interesado en favorecer, explotar y normalizar un ocio utilitarista y consumista que abarca al colectivo juvenil.

El fenómeno del consumo de drogas vinculado al disfrute de tiempo libre es una tríada cuyos vértices son:

1. Un mercado que se ajusta a la coyuntura del lugar y de los destinatarios a los que se dirige el negocio (discotecas, pubs, cafés-bar,...): El ocio es un producto mercantil que hay que vender. Y, por excelencia, los destinatarios de ese tiempo libre son los jóvenes.

2. El vínculo estrecho entre tiempo libre y consumo de sustancias (del tipo que sean, donde adquiere un papel sobresaliente el alcohol) como signo de identidad del esparcimiento tenido durante esas horas, y deshinbidor en las relaciones sociales.

3. Una necesidad individual aprendida (donde juegan un importante papel los Medios de Comunicación) de disfrute de forma inmediata y sin esfuerzo de bienestar. Unido a la carencia de una proyección personal de futuro se desea vivir por y para el presente sin postergaciones.
   
Cabe por tanto plantearse una intervención que aborde este tiempo y que se conozca con qué recursos, qué medios públicos o privados, qué bienes humanos, materiales y económicos podemos disponer para desarrollar una intervención preventiva en el ámbito sociocomunitario y responder de esta manera:

-    Al cumplimiento de los derechos internacionales y nacionales (citados en el apartado anterior) que protegen la necesidad de un desarrollo integral.
- A la responsabilidad que nos atañe a los adultos de orientar y hacer de los jóvenes unos adultos sanos que tomen en su momento las directrices de la sociedad.
- Al cambio sociológico del colectivo juvenil que exige un replanteamiento de los programas preventivos de intervención. A modo de ejemplo muy elemental que nos sirve para ilustrar este apunte (referido a los gustos infantiles): ¿Qué niño de hoy en día cambiaría a Pokemon por Heidi o Marco o qué adolescente renunciaría a tener un teléfono móvil?

    En este planteamiento global debe hallarse inserta la adecuada utilización del ocio. Al mismo tiempo debemos iniciar o retomar un discurso social renovado que defienda los derechos de los afectados por la problemática de la adicción frente a las incoherencias del sistema y de la legislación en referencia directa a las intervenciones sociales y educativas demandadas.
   
El ocio es un espacio de vida plural, básicamente de relación, que se ubica en una cronología, en un tiempo que se define como «el conjunto de períodos de tiempo de la vida de un individuo en los que la persona se siente libre de determinaciones extrínsecas, quedando con ello libre para emplear con un sentido de realización personal tales momentos, de forma que le resulte posible llevar una vida verdaderamente humana» (Weber, E.: El problema del tiempo libre. Estudio antropológico y pedagógico. Editorial Nacional, pp.10. Madrid, 1969).
   
    Al educador compete conocer el número y la cualidad de los recursos con qué cuenta la comunidad en la que interviene para poder aportar una respuesta ajustada a las características de los sujetos que la integran o, en su defecto, reivindicar fundamentadamente su necesidad.
   
Conocer y aprovechar esos recursos para la acción socioeducativa durante el tiempo libre que para muchas personas jóvenes es todo el tiempo disponible o un porcentaje importante del horario diario (desempleados, enfermos, niños y jóvenes que abandonan la escuela o no acuden a ella,...). Es una cuestión de optimizar los recursos existentes en la comunidad y responder ajustadamente a una realidad que se evidencia en la calle.
   
Dentro del ámbito de la prevención en drogodependencias una de las estrategias que se ha experimentado en programas de prevención directamente vinculada al disfrute del tiempo libre, paralelamente o no a otras, como son las técnicas informativas, de educación afectivo-sexual, de adiestramiento en habilidades de resistencia a la presión social y, por extensión en competencias y habilidades sociales; es la que se refiere a la aportación de nuevas alternativas al ocio utilitarista y vinculado al alcohol y otras sustancias. A esta estrategia responde la promoción de distintas actividades nocturnas promovidas a nivel municipal por las correspondientes áreas de juventud en distintas ciudades españolas (Santiago de Compostela, Gijón, Vigo, Oviedo, Madrid, Pontevedra, Tui,...) que tratan de aportar una alternativa diferente de ocio y tiempo libre nocturno.
   
Pero antes de adoptar cualquier otra alternativa habría que plantearse:
   
-    ¿Qué es lo que mueve hoy a un adolescente o joven al consumo de drogas durante su tiempo libre?,
-    ¿qué variables están implicadas en el cambio cualitativo y cuantitativo que está sufriendo, de forma continuada, el colectivo de jóvenes y adolescentes?,
- ¿qué factores son los que intervienen en el modelaje y adquisición de pautas nocivas de disfrute del tiempo libre?,
-    ¿es pertinente adoptar estrategias novedosas y llamativas sin plantearnos realmente su ajuste a la realidad propia, su continuidad y complementariedad con un programa global de intervención educativa?...

El consumo promete satisfacción y deleite sin invertir esfuerzo y casi de forma inmediata. Y ésto parece ser un factor de peso y desencadenante que vincula ciertas actividades con el consumo de drogas, haciendo difícil separar el disfrute del ocio consumista de cualquier actividad nocturna: alcohol, sexo, fiestas, drogas... como elementos que integran en el grupo.
   
De ahí que estén adquiriendo una extrema importancia las estrategias preventivas fundamentadas en promover opciones distintas a ese uso del tiempo libre vinculado al consumo de alcohol y otras sustancias, que no debemos obviar pero sí estudiar su adecuacion al entorno local en el que se establece.
   
        El estrecho vínculo entre tiempo libre (cómo se concibe, en qué lo empleamos...) y la acción preventiva hace necesario que:
   
1º Diferenciemos el tiempo libre como tal del que es un tiempo libre desvinculado del trabajo (pero ocupado por otro tipo de obligaciones y compromisos familiares).
2º Distingamos entre el tiempo libre estricto y el tiempo dedicado al cumplimiento de compromisos y la satisfacción de nuestras necesidades personales.
   
De ahí que, siguiendo a Josué Llull Peñalba en «Teoría y Práctica de la Educación en el Tiempo Libre» (Editorial CCS. 1999), diferenciemos:
   
1. Un tiempo laboral que es obligatorio y donde se obtiene una remuneración económica por la actividad desarrollada.
2. Un tiempo de obligaciones no laborales orientado a satisfacer necesidades humanas primarias y al cumplimiento de compromisos ineludibles.
3. El tiempo libre real que es aquel evadido de toda obligación donde desarrollamos actividades de descanso y entretenimiento y otras de carácter cultural y activo (que es lo que se conoce específicamente como OCIO).
   
Es precisamente en el espacio que ocupa el tiempo libre real donde habría que promover una intervención comunitaria y una prevención de riesgos en el tiempo libre orientada a educar a los jóvenes en el uso y disfrute lúdico y sano de este tiempo. Por eso es muy importante cuidar el estudio «in situ» de la realidad juvenil de la comunidad en particular ante la que nos presentamos tratando de conjugar apetencias y gustos juveniles con alternativas sanas y formativas.

   
RECUPERAR EL TIEMPO LIBRE COMO ÁMBITO EDUCATIVO

Existen espacios y ámbitos educativos entre los que están el tiempo libre y los espacios de esparcimiento vital donde desarrollamos nuestras vivencias.
   
El aprendizaje y la enseñanza son dos aspectos de un mismo proceso que se ubican en el contexto en el que se producen. La educación transciende los límites del aula y se ubica en todas las situaciones que experimentamos. Éstas nos facilitan el entrenamiento de habilidades y estrategias de relación y desenvolvimiento que nos permiten adaptarnos a una determinada comunidad. Lo que las personas han de aprender está marcado por la cultura, y el tiempo libre es un marco de vivencias donde estos contenidos culturales se manifiestan.
   
Los jóvenes se educan también interactuando con otros miembros del grupo durante su tiempo libre. El tiempo libre se constituye así en un espacio informal donde el contenido educativo existente no aparece explícito.
   
Queda patente, de esta manera, la potencialidad pedagógica que el tiempo libre contempla. De ahí que se haga imprescindible dotar formalmente a este tiempo de un carácter eminentemente educativo que cuente además con otros ingredientes que lo hagan atractivo y lúdico y además esté colaborando en la formación de las personas.
   
Utilizar el tiempo de ocio como un espacio desde el cual promover la salud y, por extensión, prevenir el uso y abuso de drogas, supone algo más que ofertar puntualmente actividades deportivas, culturales, etc.
   
Utilizar el ocio como un utensilio que colabore en la prevención de los consumos de drogas, fundamentalmente de los adolescentes y jóvenes, hace necesario cuidar no sólo el contenido de las actividades sino también la forma elegida para trabajar el ocio, siendo preferente promover actividades que sean particularmente para los jóvenes.
   
Es imprescindible para que las actividades de ocio tengan la repercusión deseada como estrategia preventiva de los consumos de drogas tener presente una serie de consideraciones:
       
1. Las actividades sugeridas deben prestarse para que los adolescentes y jóvenes hallen maneras convenientes y formativas de hacer uso de su tiempo libre desde ofertas que resulten atractivas y satisfactorias para sus participantes. Formarse y divertirse deben ligarse en la promoción de la salud.
2. Las actividades a desarrollar deben descubrir y nutrir aficiones continuadas que se proyecten en el futuro. Si conseguimos promocionar un estilo de ocio sano disminuiremos los consumos de drogas.
3. Dotar las actividades de una dimensión educativa intencionada que se oriente hacia la promoción de valores, actitudes, capacidades, etc.
4. Percatarnos en el diseño de las estrategias de las necesidades y el sentimiento de confusión por el que atraviesan los adolescentes: Cuáles son las expectativas, inclinaciones y probabilidades que presenta el ocio y el tiempo libre que tiene cada grupo determinado.
5. Como táctica metodológica es conveniente encauzar las diferentes propuestas de ocio desde el grupo, dada la relevancia emocional para el adolescente en este momento particular de su crecimiento.
6. Impulsar la participación es una garantía que avala la complacencia de los intereses de los adolescentes y jóvenes y la constancia futura de las aficiones descubiertas.
7. Identificar sus aficiones nos facilita la organización de los recursos y la promoción de actividades que respondan a sus intereses, aunque debemos perseguir la autogestión del tiempo libre individual.
   
    Como educadores o mediadores en el trabajo pedagógico con jóvenes nos compete hacer del disfrute del ocio y del tiempo libre un marco preventivo que promocione un estilo de vida saludable. Nos queda dibujar las líneas fundamentales de cómo hacerlo. Sírvase de ejemplo las siguientes propuestas:
   
1. Generando modalidades de ocio gratificante y divertido aseguramos la incorporación de los jóvenes al responder a su necesidad de expansión social y lúdica.
2. Promoviendo contextos y espacios para la diversión. Existe la obligación y la condición sine que non de proporcionar los recursos necesarios de encuentro para que se cumplan las expectativas de diversión. No podemos querer proporcionar un ocio sano y divertido sin invertir en recursos de ocio y tiempo libre (ludotecas, mediatecas, centros de tiempo libre, casas de juego, polideportivos, parques infantiles, centros de día, etc.).
3. Instruyendo en qué y cómo ocupar saludable y satisfactoriamente el tiempo libre. Retomamos la idea de educar en el tiempo libre. Dotar a este espacio de un contenido educativo explícito que promocione un estilo de ocio sano, gratificante y formativo.
4. Teniendo presente la personalidad y las necesidades de los adolescentes y jóvenes. Si conocemos el momento evolutivo de los jóvenes; qué implicaciones psicológicas, emocionales y educativas contiene, podremos responder más ajustadamente a la realidad juvenil.
5. Promocionando la participación juvenil conseguiremos implicar al grupo en la propuesta. Orientar las actividades hacia el grupo.
6. Optando por fórmulas no estrictamente dirigistas, posibilitando las modificaciones oportunas y posibles propuestas.
7. Facilitar a las nuevas fórmulas de intervención educativa en el tiempo libre (educadores de calle, mediadores juveniles, monitores en el tiempo libre, educadores sociales,...) de continuidad y coherencia con los otros espacios de la vida de los jóvenes (la familia, la escuela, el barrio, etc.).
8. Complementar la propuesta de actividades alternativas de ocio con una ajustada información sobre las drogas, la educación afectiva-sexual, la adquisición de habilidades sociales y el desarrollo social y emocional como marco global y unificado de la intervención.
9. Creando un foro de discusión donde tengan cabida las propuestas juveniles recogidas por las entidades juveniles y/o prestadoras de servicios a la juventud.
10. Restablecer la importancia del tiempo libre y elevarlo a la categoría de ámbito educativo de intervención prioritaria y coordinada con otras áreas.
   
   
CÓMO HACEN USO LOS JÓVENES DE SU TIEMPO DE OCIO

Las personas en general y concretamente los más jóvenes disponen de muchas horas destinadas al disfrute del tiempo libre. El agrandamiento del período dedicado a su formación académica, la tardanza en la emancipación y la lentitud con la que están accediendo al mercado laboral confluyen en el cambio cuantitativo y cualitativo del tiempo libre.
   
No siempre se hace un uso saludable del tiempo libre, lo que repercute directamente sobre el joven que adopta hábitos nocivos. Esta pauta de vida se ve alimentada por otras variables externas potenciadas por un marketing publicitario que vincula los productos que promociona con la satisfacción personal de inclinaciones, gustos, éxito social, prestigio, descanso, buena forma física, diversión, sexo,...:
   
«Con este coche conseguirás a la chica/o de tus sueños».
«Únete a.... (bebida alcohólica) y disfrutarás de la noche más divertida del verano».
«Gracias a... (complemento vitamínico) te sentirás como nunca, acabarás con tu estado de decaimiento y stress».
   
Durante la juventud y la adolescencia (etapas del desarrollo humano en donde adquieren protagonismo las vivencias de socialización que tienen lugar fuera del ámbito familiar) gran parte del tiempo libre se resuelve a través del grupo de iguales, optando por actividades de ocio grupal. En nuestra sociedad una gran parte del tiempo libre es cubierto por los más jóvenes en lugares de encuentro y diversión como discotecas, pubs, bares,... espacios para el consumo de alcohol en grupo.
   
    Dentro de este colectivo se constata que el tiempo libre está, hoy por hoy, unido a:
   
- Un consumismo de ocio nocturno preferentemente. Divertirse, enrollarse y no ser un raro está ligado a la noche.
-    A un gasto económico continuo que supone «salir de copas».
-    A la satisfacción de sus necesidades de integración y relación social.
-    Beber con la única finalidad de emborracharse, «de ponerse».
-    A colocarse con lo que sea (porros, drogas de diseño y alcohol) como fundamento de la diversión, la identificación y la integración social.
   
Estos espacios de encuentro y relación grupal forman parte de la realidad social en la que se está socializando el adolescente. Retomando un ejemplo anterior pregúntate: ¿Por qué a los más pequeños no les gusta Heidi?, ¿no será que no pueden ni saben elegir?, ¿la programación televisiva no responde a una determinada ideología?. No podemos aislarlos de esta influencia dirigista que modela el comportamiento y tras la que se vislumbran muchos intereses económicos.

La perspectiva que supone tener una alternativa exclusiva de pasar el tiempo libre que consiste en este consumismo no selectivo en los lugares habituales de movida predispone a una reducción de las posibilidades de autogestionarse un ocio saludable y, por tanto, de alimentar aquellas actividades que serían de protección.
   
A los educadores se nos plantea la siguiente disyuntiva:
   
- No podemos inhibir la necesidad de los más jóvenes de perfeccionar su ajuste al entorno social a través de la práctica de sus habilidades de comunicación que le aseguran su propia autonomía. Y ésto lo resuelven a través de su integración en un grupo y su participación en las actividades de ocio que se hacen en compañía de los amigos. Éstas les aportan diversión, identidad y un sentimiento de bienestar. Se evidencia que las vivencias y experiencias con otros que transcurren en ese espacio de tiempo, libre de todo tipo de obligaciones, son relevantes en la vida de los adolescentes, jóvenes y adultos.
   
- Sin embargo, los más jóvenes están abocados al disfrute de un ocio reduccionista y de consecuencias nefastas en la salud mental, física y social mientras no facilitemos y eduquemos en recursos personales y maneras de vivir ese espacio.
           
Las distintas actividades públicas en las que invierten horas hace que debamos establecer una perspectiva censurable en el análisis del uso que hacen los jóvenes de su tiempo libre partiendo de las siguientes premisas:
   
1. El ocio es un negocio. Es una actividad mercantil. Los adolescentes y jóvenes son grandes consumidores de bienes y servicios destinados al ocio (industria discográfica, ciber-cafés, cine, informática en general, bares, deporte,... Algunas de estas ofertas y/o espacios pueden estar vinculados a actividades no siempre recomendables para la salud. No saben hacer un buen uso de ellas.
2. Existe una cultura de ocio dominante y dirigista donde las tendencias y modas son marcadas por la industria publicitaria que nos reorienta nuevamente a la dimensión económica del ocio tratada en el punto anterior. Se asocia que el disfrute real del tiempo libre pasa por el desarrollo de actividades físicas o mentales ligadas al riesgo.
3. Existe una consolidación de los valores sociales y culturales dominantes que refuerzan y condicionan las posibilidades de ocio. Por ejemplo, el individualismo y la competitividad que aboca a muchos jóvenes a desarrollar una actividad frenética que termina desatando tensiones (nos obligamos a acudir a tal o cuál fiesta, a una despedida de soltero, a salir de copas los viernes y sábados,...).
4. Con frecuencia el tipo de ocio se nos impone sutilmente para que tengamos la sensación de control, de elección libre, restando tiempo y disfrute a otras actividades más enriquecedoras. Nos acaba gustando lo que nos presentan, lo que nos meten por los ojos o por los oídos (bailamos al son que nos marcan).
   
Salvando las debidas distancias: ¿quién no tiene, hoy en día, un teléfono móvil?. No muchos se habrán cuestionado su necesidad personal pero sí que nos preguntamos cómo podíamos vivir hace 10 años sin uno de ellos.
   
Dentro de la fenomenología del ocio también hay que empezar a tener presente otro tipo de ocio virtual centrado en las nuevas tecnologías de la comunicación que está acaparando y construyendo una nueva modalidad del ocio que no exige un nivel alto de implicación. Y esta es una realidad que ya empieza a condicionar y dar forma a los intereses del colectivo juvenil.
   

QUÉ APORTAN LOS SERVICIOS EDUCATIVOS A LA PREVENCIÓN   

Todos los recursos que a continuación vamos a citar tratan de responder a la demanda social que reclama una urgente intervención educativa en ámbitos que se escapan a las funciones y horarios atribuidos a otras entidades o profesionales.
   
Todos estos recursos tienen como misión actuar en una franja horaria o en un algún ámbito desatendido educativamente, aunque citaremos otros por su relevancia en la atención de los menores dentro o fuera de este espacio de relación que es el ocio.
       
Queremos insistir en la relación intrínseca que existe entre el servicio que ofrecen estos recursos y la prevención de los consumos al brindar cuidado y vigilancia a las experiencias de los menores y de dotar sus prestaciones de un contenido eminentemente formativo, de promoción personal y entrenamiento en habilidades de relación.
   
El reto educativo del presente inmediato es conciliar planteamientos que faciliten la estructuración, complementariedad y coordinación de los programas educativos que ofrecen estos servicios, a fin de gestar un frente común en la prevención de las drogodependencias. Por eso solamente citaremos algunos para que posteriormente seáis vosotros desde vuestros programas y realidades en las que vivís o trabajáis, quienes hagáis la lectura de qué programas, actividades, servicios existentes en la comunidad, etc. son potenciales recursos preventivos que pueden colaborar, directa o indirectamente, en la formación de un ocio juvenil saludable.

Vamos a ver sintéticamente qué aportan al individuo estos servicios y, como consecuencia, la necesidad evidente de su presencia en la comunidad.

   
LUDOTECAS

De su raíz etimológica tenemos que ludo-, proviene de las palabras latinas:
ludo, lusi, lusum, verbo intransitivo, que significa jugar, divertirse, pasar el tiempo en, ejercitarse en, y de ludus,-i, sustantivo masculino, que significa juego, diversión; en plural, juegos públicos, fiestas.
   
Así tenemos que «ludoteca» literalmente es un espacio para el juego, divertirse, pasar el tiempo en alguna cosa, ejercitarse en... y «jugar» es una actividad humana que está presente en todas las culturas y épocas. Desde siempre el Hombre ha jugado. No sólo juega el niño sino que también el adulto manifiesta un comportamiento lúdico. Esto manifiesta evidentemente que la dimensión lúdica está presente inherentemente en la vida humana. Es una realidad antropológica.
   
A través del juego el niño se entrena y conoce la realidad; la hace suya en interacción con otros; crece, se integra en el entorno, aprende y disfruta de este proceso.
   
La investigación sobre la acción lúdica se inicia en el siglo XIX pero paulatinamente se disipa esta fugaz iniciativa. Hubo que esperar hasta 1960, que por efecto de las investigaciones en la Psicología Evolutiva, para que el juego recuperase su papel protagonista como objeto de estudio.
   
Distintas teorías han tratado de explicar la fenomenología del juego:
   
1. La teoría fisiológica del alemán Friedrich Shiller y el inglés Herbert Spencer, de los siglos XVIII y XIX, respectivamente. La explicación de la actividad lúdica en niños y adultos respondería a una necesidad fisiológica de dar salida a un exceso de energía.
   
2. La teoría psicológica del filósofo alemán del siglo XIX Lazarus. Se opone a la anterior concepción al fundamentar la actividad lúdica como vía de liberación de las tensiones acumuladas.
   
3. La teoría pragmática de Karl Gross (finales del siglo XIX) defiende que con el juego el niño se entrena en actividades y destrezas que luego le serán necesarias en su vida adulta. El juego es un preejercicio de los instintos básicos.
   
4. La teoría antropológica del psicólogo americano Stanley Hall (principios del siglo XX) que considera que el niño reproduce simbólicamente con el juego las distintas fases de la evolución, fundamentándose en la teoría sobre la evolución de las especies de Darwin.
Por su relevancia en el estudio del nacimiento del juego es importante citar al psicólogo Jean Piaget, conocido por sus numerosos estudios sobre a evolución de la psicología infantil.
   
En la vida infantil, en un primer momento, el juego se establece como una prolongación de la actividad imitativa del niño, de copia, que constituye el nacimiento del aprendizaje. Todos los comportamientos de asimilación y acomodación que resuelva el niño en los seis estadios de su desarrollo sensorio-motor (hasta los 18 meses) son susceptibles de convertirse en simple juego cuando se repiten por placer funcional.
   
Según Jean Piaget el juego aparece desde el segundo estadio (de la imitación esporádica) cuando el juego del niño parece constituir una prolongación de una conducta adaptativa, aunque debemos matizar que no todas las conductas del niño, en este momento, presentan un carácter lúdico pese a que otras se constituyen en juego cuando el niño las reproduce simplemente por placer, no ya por adaptación al entorno ni por una búsqueda de finalidad externa. En este sentido, la conducta lúdica no es una conducta especial, diferente y específica, sino más bien una reorientación de las conductas en cuanto a su finalidad.
   
    (Para saber más: Piaget, Jean: La formación del símbolo en el niño. Fondo de Cultura Económica. México, 1986).
    



       
CENTROS DE DÍA

La situación personal que muchos menores viven en los barrios menos favorecidos y que se sintomatiza en un elevado índice de absentismo escolar, poca o nula atención familiar, ocio pasivo, inicio de conductas asociales, etc., así como el incremento de las drogas en las calles aumenta el nivel de riesgo para muchos de estos menores, algunos ya adolescentes, que deambulan por las calles sin saber muy bien qué hacer. Son niños que reciben poco estímulo por parte de la familia para asistir al colegio, muchos de ellos tienen o conocen a personas de su entorno cercano que consumen drogas (o trapichean). Las calles son prácticamente el único espacio de encuentro, de ocio, de relaciones sociales y juego.
   
    El Centro de Día resuelve en parte la problemática de estos chicos al realizar una intervención y seguimiento personalizado aportando una atención en esa franja horaria en la que los niños están menos atendidos. Ofrecen actividades fuera del horario escolar a los niños con una biografía escolar mala y una atención familiar disminuida.
   

CENTROS DE TIEMPO LIBRE

El tiempo libre se considera ámbito para una intervención educativa planificada que pretende el alcance de unos objetivos educativos concretos. Un centro de tiempo libre no sólo es un lugar donde reunirse y divertirse sino que responde a un proyecto educativo. Hay un planteamiento formal acerca de la educación integral de los niños.
   
Las actividades se constituyen sólo en mediaciones educativas para alcanzar los objetivos propuestos.

   
ACTIVIDADES EXTRAESCOLARES

El desafío educativo es conciliar los planteamientos y características que desde siempre habían opuesto a la educación escolar (estructurada, obligatoria, rígida en tiempos y con una metodología que valora el aprendizaje a través de las escalas numéricas premiando la homogeneidad en los resultados) con la educación en el tiempo libre (con un programa abierto y flexible, voluntario, con un tiempo convenido y un método que favorece la pluralidad y recompensa la diversidad en los resultados).
   
La necesaria reconciliación de posturas es inevitable al haber necesitado ambas, en distintos momentos, adoptar planteamientos de la otra, como es el caso de la educación en el tiempo libre que ha debido tomar algunas características de la educación formal, como ha sido una mayor estructuración en sus programas y una exigencia mayor en el seguimiento de las actividades.
   
La escuela como ámbito de intervención en la educación en el tiempo libre desempeña un importante papel dentro de la programación curricular al integrar el aspecto lúdico, la experiencia social y cierto grado de autonomía.
       
+Por otro lado, los maestros han detectado un aumento de problemáticas vinculadas, directa o indirectamente, con las vivencias tenidas durante el tiempo libre:
   
- Fracaso escolar,
- absentismo,
- carencias afectivas y de valores,
- inmadurez y poca autonomía,
- hiperactividad,
- agresividad/brotes de violencia...
   
Además está la evidencia de que los menores al terminar el horario escolar pasan la mayor parte del tiempo en la calle, estando en una situación de riesgo (drogas, delincuencia, violencia,...) ya que no ocupan su tiempo en ninguna actividad.
   
Queda resolver, por tanto, que el área extraescolar sea estructurada como un tiempo de ocio organizado como parte integrante del currículum, resolviendo una intervención interdisciplinar que se oriente hacia una formación más humana. Aquellos menores desocupados que abandonan el colegio o acuden puntualmente están potencialmente más cerca de ser víctimas de los peligros que se gestan en las calles al no disponer de un ocio organizado desde la escuela que les brinde alternativas válidas.
   
El afán didáctico de Nérici y Luis Alves de Mattos ha sido insistir en la significación educativa de las actividades estraescolares. En palabras del pedagogo Alves, es factible hacer de los centros escolares «auténticos centros educativos donde los adolescentes aprendan a vivir la verdadera cultura y saborear sus frutos» (Mattos, 1974, pp. 226).
   

CAMPAMENTOS DE VERANO

Se integran dentro de las actividades de aire libre. Son un recurso y una mediación educativa más para disfrutar de forma lúdica del tiempo libre durante los meses de vacaciones escolares.
   
Favorecen el enriquecimiento personal, de contacto con la naturaleza y con otros compañeros coetáneos que facilita el entrenamiento social y el reforzamiento de aquellos recursos personales que más tarde en la edad adulta, utilizamos como utensilios de resolución de conflictos, de afianzamiento de relaciones personales, etc.
   

CAMPAMENTOS URBANOS

Constituyen una importante alternativa vacacional en las ciudades. Su diseño pretende cubrir la demanda de una mayoría de población infantil que permanece en las grandes urbes a causa del trabajo de sus padres o de la carencia económica. Organizan actividades lúdicas y excursiones en horario semanal cohesionadas bajo un centro de interés (El Oeste Americano, Conoce tu ciudad, el Antiguo Egipto, Nuestros Amigos los Animales,...). Posibilitan el encuentro y la vivencia con otros-as niños-as y el ensayo y potenciación de habilidades y capacidades personales, intelectuales y/o manuales.

   
AULAS DE NATURALEZA

Constituyen un Programa de Educación Ambiental en la Naturaleza diseñado como actividad educativa y lúdica a desarrollar básicamente en vacaciones aprovechando la infraestructura de campamentos ubicados en espacios naturales.
   
No sólo facilitan el aprendizaje de contenidos propios del Área de las Ciencias Naturales sino que se presentan como una excelente experiencia de vida en un entorno que favorece el encuentro social.

   
GRANJAS-ESCUELA

Desde su ya remoto origen pintoresco derivado de las experiencias desarrolladas en los campamentos de verano, se constituyen en una metodología más organizada de acercamiento de los niños al conocimiento del mundo rural.
   
Los orígenes de esta alternativa educativa se halla en la amplia tradición educativa de la Animación en el Tiempo Libre, los valores defendidos por la denominada Escuela Activa y el movimiento romántico del siglo XIX, que van gestando un ambiente idóneo que da cuerpo a distintas experiencias como las del Movimiento YMCA, la Institución Libre de Enseñanza, el movimiento alemán Wadervogel (Ave Migratoria), Boy Scouts, las escuelas del Ave María del Padre Manjón, la Escuela Moderna de Ferrer Guardia, la Escuela del Bosch de Rosa Sensat o la Escuela del Mar de Vèrges. Con el paso de los años todas estas prácticas derivan hacia la maduración de una metodología más elaborada de acercamiento, vivencia y conocimiento del mundo rural.
   
Un antecedente más reciente y que marca un punto de partida definitiva es la experiencia de la colonia de verano celebrada en 1977 en Ozaeta (Álava) donde se sistematiza el modelo educativo de la Granja-Escuela en España. El método educativo empleado progresa hasta la constitución de una granja tradicional que posibilita una intervención educativa, de carácter ambiental, más continuada. De esta manera surge la Granja-Escuela «Huerta de la Limpia» en 1978 en Guadalajara y otras que se le van sumando.
   
El éxito de esta alternativa educativa reside en que transciende el grado de conocimiento de otro tipo de experiencias como las salidas a la naturaleza o las Aulas Taller en torno al curriculum de las Ciencias Naturales y a la educación integral del niño.
       

ASOCIACIONES JUVENILES

El asociacionismo juvenil facilita un vínculo real y oficial. Es una realidad significativa para el colectivo de la juventud que se da más en su vertiente espontánea que en la reglada (a través de su adhesión o constitución en una asociación legalmente constituida).
   
El porcentaje de población juvenil asociada es mínima, por eso se hace un llamamiento a la adhesión juvenil dado que el conjunto de entidades indica el grado de maduración democrática de una comunidad.
   
Las agrupaciones informales responden a la satisfacción de una necesidad espontánea de establecer vínculos sociales y afectivos. A veces estos grupos apegados emocionalmente favorecen el hermetismo aunque, sin embargo, son una necesidad real para iniciar cualquier tipo de agrupación formalizada.
   
Los primeros antecedentes del asociacionismo juvenil se enclavan en la Edad Media, es el caso de los gremios de comerciantes y artesanos que se unificaban con el objetivo de favorecer a los jóvenes de una formación e inserción laboral.
   
En el siglo XIX los sindicatos obreros aportaban asistencia social y formación especializada a los adolescentes de los grandes enclaves industriales.     Ambos precedentes están vinculados al trabajo.
   
    Las primeras agrupaciones juveniles, de corte informal, surgieron con otros fines bien distintos. Se trata de la burguesía y la nobleza de los siglos XVIII y XIX que disfrutaban de una cultura superior y podían disfrutar de momentos de ocio.
   
    Las primeras entidades juveniles organizadas surgen en Centro Europa en un ambiente también acomodado. Por su relevancia citamos:
   
- las Batallas Escolares (Boy's Brigade) en 1883,
- el Movimiento Wandervogel fundado en Berlín en 1896 que fue suprimido en 1930 por el movimiento nazi,
- Boy Scouts fundado por Lord Baden Powell en 1908.
   
En España cabe citar la labor de la Pedagogía Preventiva de San Juan Bosco orientando su labor hacia los jóvenes menos favorecidos.
En definitiva, las asociaciones juveniles reúnen a un conjunto de personas para organizar una actividad/acción de forma continuada y estable que facilita a los más jóvenes la posibilidad de relacionarse y organizarse de forma estructurada para orientar mejor sus aspiraciones.


CASAS DE LA JUVENTUD

Las Casas de la Juventud son el resultado de la reivindicación del patrimonio histórico de los jóvenes en los últimos años del franquismo y la llegada de la democracia. Son espacios propios desde los que se intenta fomentar el movimiento asociativo. Nacen también de la reivindicación de locales en los barrios periféricos, faltos de equipamientos socio-comunitarios.

En estas Casas, los jóvenes pueden participar en actividades organizadas por diferentes entidades, informarse sobre empleo, vivienda, sexualidad, etc. o bien disponer de un lugar de encuentro, formación o de esparcimiento.

También es cierto que algunas Casas nacieron por puro interés político, por el prestigio inmediato de cara a los jóvenes, aunque algunas se han adaptado a las necesidades cambiantes, dando respuesta a necesidades de creatividad y solidaridad.


CONSEJOS DE LA JUVENTUD

En los gobiernos democráticos surgen dispositivos de consulta juvenil a nivel nacional, autonómico, comarcal o municipal constituidos por las entidades juveniles y entidades prestadoras de servicios a la juventud que se encuentran más cercanos a la realidad juvenil, a fin de debatir, gestionar, reivindicar, coordinar, etc. temas relacionados con el mundo asociativo.
   

SERVICIOS DE INFORMACIÓN JUVENIL

La necesidad de articular la abrumadora cantidad de información demandada por los jóvenes exige una ordenación del volumen de información dispersa y poco accesible, haciendo imprescindible articular centros de información que acercasen a la población ese volumen informativo potencialmente importante para este colectivo. Los Centros, Oficinas y Puntos de Información Juvenil se promueven desde las Comunidades Autónomas, ayuntamientos y entidades sociales, culturales o juveniles.

   
CENTROS CÍVICOS

A partir de 1979 cuando toman posesión los primeros gobiernos municipales democráticos se carecía de forma generalizada de servicios socioculturales.
   
Con la llegada de la democracia los gobiernos municipales se vuelcan en conocer y dar respuesta a las necesidades detectadas en la comunidad.
   
Los Centros Cívicos se erigen en baluartes democráticos y de participación ciudadana al intentar elevar el nivel de bienestar de la población con la disponibilidad de diversos servicios.

       
CAMPOS DE TRABAJO

Tienen su cuna al final de la I Guerra Mundial cuando los países debieron enfrentar la reconstrucción del patrimonio cultural y social de sus comunidades. Empiezan a celebrarse en España a finales de 1970. En la actualidad se erigen como una de las opciones estivales más representativas del tiempo libre de los jóvenes entre 18 y 30 años.



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OBJETIVO GENERAL DEL CURSO:
Objetivos generales que pretendemos conseguir con el desarrollo de este Curso:
- Reconocer las características y funciones de l@s Mediador@s, así como especificar la importancia de los ámbitos y tipologías preventivas.
- Identificar los datos de consumo de alcohol, conocer los conceptos básicos del alcoholismo, determinar cuáles son los factores de riesgo y protección de las personas frente al alcohol, proporcionar instrumentos de evaluación ante consumos de riesgo, proporcionar una descripción detallada de las complicaciones que el abuso de alcohol provoca en el cuerpo humano, informar sobres las diferentes intervenciones que se lleva a cabo con personas con problemas con la bebida y, por último, conocer las peculiaridades del consumo abusivo de alcohol en jóvenes.


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OBJETIVOS DEL CURSO:

- Informar, orientar y adquirir los conocimientos necesarios para una acción integral,  diagnóstico, intervención y sobre todo prevención, ante el problema de las drogodependencias.
- Conocer los aspectos de ámbito histórico, psicológico, sanitario, social y educacional que abarcan la acción integral ante las drogodependencias.
- Saber qué entendemos por droga, consensuar criterios entre los diferentes profesionales para así lograr una acción conjunta destinada a la prevención e intervención ante las drogodependencias.
- Conocer cuáles son las características socio-psicológicas que nos permiten identificar a las personas en riesgo y/o potenciales consumidores de drogas.
- Conocer y detectar cuáles son los ambientes socioculturales que favorecen el consumo de drogas.
- Promover actuaciones adecuadas por parte de los diferentes servicios a los problemas derivados del consumo de drogas en los diferentes ámbitos y situaciones en las que ocurran. Actuaciones que pasarían por la prevención, detección en aquellos casos en los que exista sospecha y una intervención directa si fuese precisa.
- Formar a los educadores/as (en su concepción más amplia) como agentes responsables de la prevención y posible actuación ante casos de uso y abuso de drogas.

Así mismo, debemos conocer cuál es la metodología, recursos y materiales con los que contamos a la hora de promover programas de prevención con adolescentes y jóvenes.


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