13.2.14

Violencia Juvenil. Caracteristicas. Alcohol y Drogas

imagen curso  violencia juvenilLa agresividad, como la violencia, son inherentes al ser humano, que además es el único animal capaz de pensarla, analizarla y emplearla conscientemente para la consecución de sus fines. Se sufre en todos los ámbitos de la sociedad, y la escuela no es ajena, ya que forma parte de esta sociedad violenta que acoge a jóvenes que se han educado y han aprendido más en la calle de lo que puedan aprender en el centro escolar.

Dicen los expertos que los niños y jóvenes se encuentran absolutamente desprotegidos frente a la violencia, y que son mucho más vulnerable a ésta porque la viven antes de desarrollar su propia vida independiente.

En la conferencia Europea celebrada en Bruselas en noviembre de 1996 bajo el titulo «Más seguridad en la escuela», impulsada por Holanda, se estudiaron cinco países, entre ellos España, en lo relativo a la violencia. El informe español fue presentado por J. L. Moreno, y en él exponía algunos puntos interesantes:

-    El comportamiento antisocial tienen un fuerte arraigo en cuanto a su origen y el entorno social.

- En la escuela, agresores y víctimas tienen un dilatado contacto durante muchas horas al día casi todos los días del año, por lo que las consecuencias personales traumáticas y sociales del agredido pueden ser muy graves.


CONCEPTUALIZACION DEL TÉRMINO VIOLENCIA

En 1996, la Asamblea Mundial de la Salud reconoció a la violencia como una amenaza para la salud pública y un obstáculo para el desarrollo de las naciones. Más aún, solicitó a la Organización Mundial de la Salud (OMS) que emprendiera actividades de salud pública para abordar el problema de la violencia en sus diferentes manifestaciones y estableciera su prevención como prioridad de salud pública. En ese nuevo contexto la violencia dejó de enfocarse indirectamente y de esconderse tras apelativos como «cuestiones controvertidas de salud pública» y «hecho inevitable de la vida» para reconocerse como una epidemia soslayada que pronto superará a las enfermedades infecciosas como causa principal de morbilidad y mortalidad prematura en todo el mundo (De Diana Scialpi, Violencias en la Administración Pública, Buenos Aires, 2004)

Los múltiples significados de «violencia» han llevado al sociólogo Jorge Corsi a dilucidar sus complejos ingredientes en las distintas lenguas. En español ha quedado más unido a la raíz etimológica: violar. En el diccionario de la Real Academia Española violencia significa:

1. Cualidad de violento; acción y efecto de violentar o violentarse.
2. Acción violenta o contra el natural modo de proceder.
3. Acción de violar a una mujer.


CARACTERIZACIONES DE LA VIOLENCIA JUVENIL

Sin lugar a dudas, la delincuencia juvenil es uno de los fenómenos sociales más importantes que nuestras sociedades tienen planteados, y es uno de los problemas criminológicos internacionalmente preferidos desde el siglo pasado, pues las manifestaciones de la conducta que llaman socialmente la atención de forma negativa pueden observarse, por lo general, mejor entre los jóvenes que en la población adulta. Además, es importante tratar la delincuencia juvenil de hoy como posible delincuencia adulta de mañana.

La delincuencia juvenil es un fenómeno de ámbito mundial, pues se extiende desde los rincones más alejados de la ciudad industrializada hasta los suburbios de las grandes ciudades, desde las familias ricas o acomodadas hasta las más pobres; es un problema que se da en todas las capas sociales y en cualquier rincón de nuestra civilización.


Concepto de delincuencia juvenil y su distinción de otros conceptos afines:

La cuestión sobre el concepto de delincuencia juvenil nos obliga, ante todo, a esclarecer dos conceptos: delincuencia y juvenil.

Siempre se ha considerado que la delincuencia es un fenómeno específico y agudo de desviación e inadaptación. En este sentido, se ha dicho que «delincuencia es la conducta resultante del fracaso del individuo en adaptarse a las demandas de la sociedad en que vive», definición que realmente significa todo y nada, en cuanto cabe preguntarse si se refiere a todas las demandas o a unas cuantas, y a cuáles, y si realmente puede esperarse que toda persona, sea menor o adulta, se adapte sin más a las demandas de una sociedad determinada.

Pese a que por influjo de la escuela clásica del Derecho penal y el positivismo psicobiológico, ha sido frecuente considerar el fenómeno de la delincuencia como una realidad exclusivamente individual; sin embargo, actualmente la mayoría de los criminólogos afirman que la delincuencia es un fenómeno estrechamente vinculado a cada tipo de sociedad y es un reflejo de las principales características de la misma, por lo que si se quiere comprender el fenómeno de la delincuencia resulta imprescindible conocer los fundamentos básicos de cada clase de sociedad, con sus funciones y disfunciones.

Teniendo en cuenta lo que hemos expuesto, podemos citar a Herrero Herrero, quien define la delincuencia como el fenómeno social constituido por el conjunto de las infracciones, contra las normas fundamentales de convivencia, producidas en un tiempo y lugar determinados.

Para Herrero Herrero, el término delincuencia juvenil es un concepto eminentemente socio-histórico. Y en este sentido, Garrido Genovés define al delincuente juvenil como una figura cultural, porque su definición y tratamiento legal responde a distintos factores en distintas naciones, reflejando una mezcla de conceptos psicológicos y legales. Técnicamente, el delincuente juvenil es aquella persona que no posee la mayoría de edad penal y que comete un hecho que está castigado por las leyes.

En definitiva, y teniendo en cuenta todo lo dicho, podemos definir la delincuencia juvenil en España como el fenómeno social constituido por el conjunto de las infracciones penales cometidas por los mayores de 14 años y menores de 18. 


ALCOHOL Y DROGAS

Hemos de dejar constancia de cómo puede afectar el consumo de drogas a la realización de prácticas violentas en el grupo de jóvenes. Vamos a hablar sobre las razones que pueden llevar a su abuso y las sustancias que más se consumen por los jóvenes.

Hablar de causas del consumo de drogas resulta cuando menos aventurado. A la diversidad de factores conocidos, se une el hecho de que ninguno de ellos parece ser requisito necesario ni suficiente para dar cuenta del inicio en el consumo. En cada caso se da una combinación original de factores que explica su recorrido particular. Por ello, parece más adecuado hablar de las condiciones que favorecen este proceso, los factores de riesgo que lo hacen más probable. Los más relevantes de estos factores son los siguientes:
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- Curiosidad: Por experimentar, que es una característica natural y deseable de la adolescencia. Por eso es preciso educar, para que se convierta en una fuente de maduración e impedir que se concentre en situaciones de riesgo.

- Presión del grupo de iguales: tendencia a la homogeneidad en el seno del grupo que, al igual que facilita la adopción de determinadas señas de identidad -forma de vestir, música, etc.-, tiene un papel de primer orden en el inicio de consumo de drogas.

- Búsqueda de placer: el consumo de drogas ha estado siempre vinculado al deseo de desconectar de las exigencias agobiantes de la realidad, en un intento de disfrutar al máximo del tiempo de ocio. Cuando durante la infancia y la adolescencia nos e aprenden otras formas de diversión, las drogas pueden ocupar un lugar tutelar.

- Control familiar inconsistente: cuando las normas familiares son excesivamente rígidas, relajadas o invariables, se hace difícil la interiorización por los niños y los adolescentes de unas pautas de comportamiento claras, por lo que su socialización fuera de la familia se vera muy afectada.

- Disponibilidad de drogas: si en el medio en que el adolescente vive su tiempo de ocio existe una presencia notable de drogas, el inicio en el consumo resulta favorecido.

No son evidentemente los únicos factores de riesgo, pero son algunos de los más relevantes y, sobre todo, son factores sobre los que se puede actuar previamente.

Se han identificado un número amplio de factores que disminuyen la probabilidad de adentrarse en consumo de drogas. Algunos de ellos tienen que ver con cambios culturales y legislativos de nuestra sociedad (eliminar la publicidad de bebidas alcohólicas y tabaco, aumentar precio, cumplir rigurosamente las leyes que prohiben su venta a menores, generalizar la prevención en la escuela, prohibición de fumar en lugares públicos etc.).

Otros están relacionados con características del propio sujeto, de cada una de las personas que a lo largo de su vida tienen que tomar la decisión de consumir o no drogas, o de hacerlo de manera habitual una vez probadas.

En relación a dichos factores son conocidos enfoques exitosos y variadas propuestas que persiguen algunos de los objetivos siguientes:

- Canalizar positivamente la curiosidad del adolescente a fin de que, manteniendo vivo su impulso exploratorio se desinterese al máximo por conductas y situaciones de riesgo. Es lo que se pretende, por ejemplo en las campañas informativas que, mediante diversos soportes (folletos, Internet, etc.), buscan transmitir a los jóvenes una información adecuada sobre los riesgos asociados al consumo de drogas. Iniciativas orientadas a compensar con argumentos racionales el impulso de la curiosidad, favoreciendo un a toma de decisiones más libre ante la previsible oferta de drogas de la que tarde o temprano serán objeto.

- Promover la educación en valores y actitudes: de aprecio, respeto y responsabilidad para con la salud propia y la de la comunidad. Es el objeto, por ejemplo de los diversos programas preventivos existentes en las escuelas que tratan de despertar en el alumnado la conciencia de que la salud no depende del azar, sino que está en gran medida condicionada por las decisiones que cada persona adopta. Son miles los educadores de todas las etapas que dedican buena parte de su tiempo a esta tarea.

- Estimular la autoestima: con objeto de reducir el riesgo de que se interesen por formulas químicas para apuntalar un amor propio frágil. Además de los programas preventivos citados, existen en España miles de Escuelas de Padres y Madres en las que, debatiendo acerca de la más adecuada relación educativa con los hijos, se abordan los múltiples modos de desarrollar en cada niño y adolescente una imagen positiva de sí mismos que le haga menos vulnerables a las influencias externas.

- Desarrollar habilidades sociales: que les ayuden a comportarse con una razonable autonomía en la relación con los otros, a neutralizar positivamente las presiones por parte del grupo de amigos hacia el consumo de drogas y,en su caso, a cambiar el propio paisaje grupal. De nuevo la escuela y la familia comparten múltiples iniciativas orientadas a entrenar a niños y adolescentes en esas pautas asertivas de relación que les ayuden a respetar a los demás y reclamar para si mismos igual consideración.

-    Promover una vivencia rica y diversa del tiempo libre: que ayude al adolescente a encontrar satisfacciones que no comprometan su desarrollo, y a construir modos positivos de disfrutar el ocio, a partir de las posibilidades del territorio que habita. Son, en este sentido, múltiples las experiencias desarrolladas en los pueblos y ciudades españolas, orientadas a educar a adolescentes en un ocio enriquecedor, así como las experiencias dirigidas a promover actividades para el tiempo libre alternativas a «salir de marcha».

-    Favorecer un ejercicio razonable de la autoridad paterna: que permita a los niños y adolescentes interiorizar unas normas aceptables de convivencia y tomar decisiones crecientemente responsables, aun cuando actúen movidos por la curiosidad y el placer. Las escuelas de Padres y Madres ocupan aquí un lugar de excepción en un momento en el que hasta los propios jóvenes reclaman de sus padres la existencia de límites claros.

- Reducir la presencia de las drogas: en los escenarios sociales por los que se mueven los adolescentes. A mayor facilidad de acceso a las drogas mayor consumo, mayor abuso y mayores dificultades derivadas. De ahí la importancia de que las drogas no sean una realidad permanente y ubicua en los territorios adolescentes y juveniles.


PREVENCIÓN ESCOLAR:

La enorme importancia de realizar prevención de drogodependencias en el ámbito escolar es obvia, y basta señalar algunos elementos que confluyen en él para ilustrarlo, como son: la posibilidad de trabajar de forma continua con niños y adolescentes desde el inicio de su edad escolar hasta su terminación; la implicación en la prevención de profesionales de la educación; la posibilidad de realizar la prevención prácticamente con todos los niños del municipio; la disposición de materiales de prevención perfectamente adaptados y evaluados para su utilización en el medio escolar; la posibilidad de trabajar paralelamente con las familias de los alumnos.

La prevención la realizaremos básicamente a través de los educadores naturales de los alumnos, como son sus profesores y familiares, quienes además de una coherente y adaptada transmisión de conocimientos, han de saber trabajar adecuadamente los otros factores básicos en la formación como son las actitudes y las conductas relacionadas con el consumo de drogas.


APROXIMACIÓN SOCIOLÓGICA Y PSICOLÓGICA DEL TÉRMINO VIOLENCIA JUVENIL

Comprender la violencia juvenil, como cualquier otro fenómeno social, requiere una combinación de «disección analítica», de los factores que la provocan y «una interpretación global» de los factores que, tratados individualmente, han demostrado empíricamente tener un papel destacado en la génesis, mantenimiento y casualidad inmediata del acto violento. Así, si analizamos un homicidio cometido por un adolescente es ridículo pensar que solo es por una causa. La realidad es mucho más compleja y en estos casos suelen encontrase más de una causa: individual, de crianza, socioambiental, etc., que han actuado a lo largo del tiempo, simultáneamente y de una forma interactiva. Pensemos en el efecto que sobre un preadolescente con un nivel de inteligencia medio-bajo, afectado en la infancia por un trastorno de déficit atencional con hiperactividad y sin apenas supervisión paterna, puede tener la práctica habitual de video-juegos de contenido violento. Ninguna de estas razones, por si sola, es un buen predictor de comportamientos violentos juveniles; sin embargo la combinación, mediada por la duración temporal de la misma, sí que la tiene. La combinación múltiple de las características individuales y situacionales es la que contribuye a la génesis y desarrollo de las conductas antisociales y violentas. Los estudios sugieren que esta confluencia de ciertos factores de «riesgo» y de los factores protectores tienen la justificación última de la violencia.

Existen numerosos factores que pueden contribuir e influir en el amplio y variado rango de conductas que se definen, como hemos visto, bajo el epígrafe de «violencia juvenil». Es importante considerar todos estos factores y sus múltiples relaciones para desarrollar una comprensión completa de la naturaleza del problema. Entre estos factores aparecen los llamados factores de riesgo (que anteceden, determinan, condicionan,... para el desarrollo de comportamientos violentos). Los factores de riesgo se dividen en estáticos (edad, sexo, etc.) y dinámicos (necesidades, estados patológicos, etc.).

Asimismo es relevante conocer los llamados factores de resistencia que potencialmente «protegen» a los jóvenes contra los efectos que facilitan o producen comportamientos violentos. Los factores de riesgo se definen como variables contrastadas que influencian, de modo objetivo y causal, la conducta, en este caso la violencia. Son circunstancias del sujeto y de la situación las que se relacionan con una mayor probabilidad de cometer un hecho violento. Además de estos factores de riesgo, de los cuales es fácil deducir los que afectan más específicamente a los jóvenes, hay que añadir los llamados factores de protección, que son aquellos que potencialmente reducen la probabilidad de realizar conductas de riesgo. Estos factores pueden influenciar los efectos de las experiencias individuales que facilitan la adquisición de factores de riesgo o pueden moderar la relación entre el riesgo y el comportamiento violento.









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